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Cabos sueltos [Priv. Edward Nigma]

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Cabos sueltos [Priv. Edward Nigma]

Mensaje por Oswald C. Cobblepot el Miér Oct 02, 2013 3:29 pm

Lo único que se escuchaba en la planta superior del Salón Iceberg eran unos llantos ahogados provenientes del despacho de Cobblepot, abriéndose seguidamente la puerta de este para dejar ver como dos de los porteros del local sacaban arrastrando al hombre que no podía dejar de llorar, no oponiendo resistencia alguna.

Por su parte, Oswald se mantuvo sentado tras su escritorio, siendo iluminado tan solo por la fuerte luz de su flexo mientras que observaba seriamente la bola de nieve que acababa de comprar para su madre por su aniversario, viendo como los copos caían lentamente sobre la pequeña figura de un pingüino que se encontraba en el centro de la bola. No se sentía responsable de haber destruido la vida de aquel hombre que había metido la pata frente al Capo, siendo Oswald ya un esperto en destrozar vidas completas por pequeños fallos que le molestaban; es por ello que su reino de la tiranía se mantenía en pie, debido al temor que introducía en toda persona que conociese el apellido Cobblepot. No solo por ser una de las familias más importantes de Gotham City-que también-, sino por las atrocidades que había hecho el último eslabón de la familia en la ciudad con mayor índice de delincuencia de los Estados Unidos.

Jefe—El portero de color y de brazos como troncos de árboles volvió a entrar en el despacho del Pingüino, destrozando el silencio que se había formado en la oscura sala—Ya hemos echado fuera a ese tipo.

Bien...—La chirriante voz del hombre de baja estatura se hizo audible mientras levantaba la mirada hacia su guarda espaldas, dejando mientras tanto la bola sobre el escritorio—Lewis, dime que hora es.

Son las once y veinticuatro, Jefe.

Bajemos pues, ya debería haber llegado...

Después de hablar, manteniendo sus labios fruncidos entre los que sostenía su boquilla negra, Cobblepot bajó de su silla para ponerse en pie en el suelo sobre sus pequeños pies, teniendo que dar un leve impulso para bajar debido a que sus cortas piernas no alcanzaban la superficie y que su redondeado y voluminoso trasero era difícil de despegar de su mullido asiento. Pero, cuando ya estuvo de nuevo en el suelo y con su paraguas negro en la mano, comenzó a caminar hacia la puerta, siendo seguido por su gran protector.

Aunque su rostro serio no lo demostrase, Oswald había estado de los nervios desde hacía varios días, debido a una visita que iba a tener aquella noche. Su visitante nocturno no era el cruzado de la capa que más de una vez le había ido a molestar, sino algo mucho peor: Edward Nigma, más conocido en Gotham como The Ridler. La razón por la que Oswald no estaba por la labor de volver a ver a su antiguo "compañero" de Psiquiátrico era porque su último encuentro hacía un mes no había terminado muy bien: Batman consiguió dar con ellos. Nigma escapó, pero Oswald no tuvo tanta suerte, pasando varios días entre las paredes blancas de una "suite"-notese la ironía- del manicomio.
Cuando Oswald salió de Arkham, no puso en su lista de tareas pendientes "acabar con Edward" la primera de ellas, ya que todavía tenía algunos temas importantes sobre su local. Pero el haber recibido hacía una semana una carta verde con un signo de interrogación en el dorso llenó de ira al Mafioso, creyendo que el lunático se estaba burlando de él.

Según la carta,además de tener varios acertijos que el Pingüino no se dignó ni siquiera a leer, Eddie iría al Salón Iceberg aquella a las 23:20, el cual esperaría al magnate en el Hall del local. Oswald había dado orden directa de que sus hombres le atrapasen nada más verle, pero nada de lastimar le hasta que el hombrecillo llegase para conversar con su antiguo compañero...
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Re: Cabos sueltos [Priv. Edward Nigma]

Mensaje por Edward "Eddie" Nigma el Vie Oct 04, 2013 11:38 am

El charlatán cerró los ojos y una sonrisa burlona se dibujó en su tan conocido rostro. Colocó un marcapáginas entre las hojas de un grueso libro, seguidamente lo cerró de golpe y acarició la contraportada. Le encantaba leer, había convertido su habitación en un santuario para la lectura, todo estaba lleno de libros y daba la impresión de que no cabían más. Aquellos recipientes del saber eran de diversos colores, grosuras, texturas... ¡Y qué bien cuidados estaban? Incluso forrados; podían ser considerados como una de las mayores y más queridas posesiones de Riddler (Comúnmente llamado "rata de biblioteca" por Crane y otros compañeros) Se levantó y se acercó a una gran estantería donde dejó el libro en su lugar tras buscar la etiqueta en la estantería que indicaba el escritor. Suspiró y miró su reloj, en algunos minutos debería marchar hacia el viejo Salón Iceberg. No era para tanto, sabía perfectamente que no recibiría un trato muy cordial cuando se presentase con su traje verde, la camisa negra y unos lustrosos zapatos, pero necesitaba aclararle alguna cosilla a Ozzy. Creía conocer la respuesta: Oswald se pondría muy borde. No estaba seguro al cien por cien, pero apostaría su pellejo a que sería así. ¿Y por qué se comportaría así Cobblepot? Él era su viejo amigo, la única persona con la que podía discutir de arte, literatura, teatro... Con Killer Croc no podría hacerlo, seguro.

¿Podría ser esa conducta condicionada por un anterior encuentro con Batman? Eddie también contemplaba eso como opción viable. ¿Oswald creyó de verdad que Eddie es quedaría a recibir una paliza por parte del gran y malhumorado guardián de Gotham? ¡Muy buena broma! Pensaba ir allí a disculparse, algo rerísimo en él, el villano esperaba que Ozzy aceptase sus disculpas de buena gana. Por eso mismo le había mandado una carta con una esmerada y cuidada caligrafía, eperando que la leyera y no la tirase nada más verla. ¡Qué pena que Cobblepot fuese tan anticuado! De no ser así Nigma hubiera podido mandarle un e-mail. Se enfundó los guantes y tomó su bastón, obligándose a sonreír. —I won't dance, don't ask me. I won't dance, don't ask me. I won't dance, Madame, with you. My heart won't let my feet do things that they should do...— Canturreó, enfrascándose en sus pensamientos y cruzando el umbral de la puerta. Planeaba llegar al menos veinte minutos antes de la hora citada. Bajó por las amplias escaleras y se internó en las calles, escondiendo su inseguridad con una amplia sonrisa.



_______________________________

Oh, que hospitalario es Penguin últimamente.— Dijo Eddie entre dientes, no le hacía gracia estar rodeado de los hombres del capo, aunque la mayoría de estos eran mucho más bajos que su persona. Riddler se sentía superior ya que ostentaba una altura considerable de un metro ochenta y cinco centímetros, era uno de los villanos más altos de Gotham (Excluyendo a Solomon  Grundy, Killer Croc u otros como Clayface por motivos obvios). Se mordióa la cara interior de la mejilla con impaciencia, esperando a Cobblepot con una tranquilidad inexistente. —Debéis saber que puedo largarme sin que os enteréis, soy gran mago e ilusionista, el mayor escapista de este planeta.— Alzó un poco el mentón, orgulloso. Al ver a Oswald su mirada vagó hasta los ojos del hombre y comenzó a hablar como si fuera su amigo de toda la vida. Nigma y su humor cambiante. —¡Ozzy, cariño! ¿Te comió la lengua el murciélago?— Bromeó y se cruzó de brazos, sosteniendo el sombrero con la mano izquierda. —Quiero que sepas que no debes enfadarte conmigo por lo del otro día, no fue mi culpa.— Se excusó. Chasqueó la lengua y apoyó todo el peso de su cuerpo sobre sus talones, jugando. —Perdona mis modales. ¿Me agacho y te doy un gran abrazo? ¿Prefieres un apretón de manos? No te veo desde hace tiempo, amigo. Espera, debo rectificar. No me ves, yo sí. Sé lo que hace cada maldito habitante de Gotham en cada minuto del día. Soy como Papá Noel pero en verde y no dejo regalos.— Hablaba demasiado, el problema de no poder controlar la boca, de ser demasiado sincero y confesarlo todo era una maldición, por eso recibía tantas palizas. —Me cabrean tus gorilas, si pudieras pedirles amablemente que se alejasen no te daría un beso por motivos obvios,  pero te estaría enormemente agradecido.— Se llevó una mano al mentón y se lo rascó, pensativo. —¿Y si pasamos a tomar algo? Llevo mucho tiempo sin pasarme y sabes que me encanta dejarme caer por aquí, soy cliente habitual.— Siguió balanceándose sobre los talones y le miró a través de los cristales morados de las gafas. Analizó con la mirada a Ozzy, cosa que hacía con todo el mundo, fijándose en cada gesto, expresión o leve guiño que pudiera esconder nerviosismo, mentiras... —Si hubieras querido matarme habrías intentado desesperarme hasta que llegase a suicidarme. Tal vez por medio de mi dependencia al alcohol, ¿Me equivoco? Pero no, todavía me respetas algo, lo que es bueno.


Última edición por Edward "Eddie" Nigma el Sáb Jul 19, 2014 9:57 am, editado 1 vez
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Re: Cabos sueltos [Priv. Edward Nigma]

Mensaje por Oswald C. Cobblepot el Lun Oct 07, 2013 5:53 pm

Oswald se quedó quieto, expectante mientras el hombre trajeado de verde no dejaba de hablar, manteniendo sus pequeños ojos serios fijados sobre los labios de Edward-los cuales, no dejaban de moverse- mientras sostenía el peso de su desproporcionado cuerpo sobre su paraguas negro.

"Si hubieras querido matarme habrías intentado desesperarme hasta que llegase a suicidarme. Tal vez por medio de mi dependencia al alcohol, ¿Me equivoco? Pero no, todavía me respetas algo, lo que es bueno."

Mientras las últimas palabras que su antiguo aliado acababa de pronunciar no hacían más que retumbar en su cabeza, Cobblepot frunció más sus finos labios mientras sus dientes afilados se aferraban con mayor fuerza a la boquilla de su cigarrillo, hundiéndose en la superficie negra, sabiendo que dicho apretón de mandíbula dejaría marca.

Lewis—Entonces, Oswald llamó la atención de su guarda espaldas con un chasquido de dedos de su diestra—Haz que le suelten...

Y, sin rechistar, el hombre de color calvo asintió, mirando acto seguido a todos los porteros enchaquetados para ordenarles con solo la mirada que dejasen de atosigar a Edward.

Bien, Eddie...—Con seriedad, el pequeño hombre se ajustó el monóculo mientras exhalaba una bocanada de humo, intentando llamar la atención del hombre de verde con dos golpes de la punta de su paraguas en el suelo—De acuerdo, vayamos a tomar algo para que me expliques a que has venido.

Entonces, sin esperar una respuesta por parte de su ex-compañero de Arkham, Oswald se dio la vuelta para caminar hacia la gran puerta de madera tallada que llevaba al interior del local de gran clase pero que, contrariamente, atendía a la peor calaña de Gotham.
El Salón Iceberg se encontraba sumido en la oscuridad a excepción de las leves luces azules de los paneles del techo-el cual, se encontraba bastante alto al ser el local de dos plantas, los focos del escenario y la de las novedosas mesas, de la cual-bajo el redondo cristal- provenía una tenue luz que iluminaba las bebidas y a los comensales. Era la nueva tecnología que había dejado atrás las románticas velas.
La orquesta de Jazz tocaba una tranquila melodía, la cual a veces se veía ahogaba bajo el bullicio de la clientela; que aunque hablasen en voz baja, aquella noche había una gran cantidad de usuarios. En cambio,
la tenue y cálida melodía se veía atrofiada por el intenso olor a puro, el cual era incluso agobiante.

El Pingüino caminaba entre los pasillos del demandado local de forma seductora, segura, como un pez en el mar. Sin duda alguna, aquel era su terreno, su imperio infranqueable, observando las dos multitudes bien diferenciadas que formaban su clientela, pudiendose palpar en el aíre que cada una de ellas ansiaba estar en el círculo de la otra: Una estaba formada por viejos ricos y aburridos, sumergidos en las botellas de champagne y vinos de grandes reservas y puros de la mejor calidad, que buscaban la emoción de codearse con los recién acuñados Gangsteres, que vivían y morían peligrosamente, y que solo buscaban el lujo de llegar a viejos ricos y aburridos algún día para dejar de beber cervezas y whiskis baratos, fumar cigarrillos Lucky Strke y drogarse con cocaína y anfetaminas para estar en todo momento activos. Sin duda alguna, el Salón Iceberg era el único lugar en que ambos grupos sociales tan diferenciados podían convivir sin parecer tan extraño.

Eddie, aquí—Llamó la atención de su invitado, sentándose el obeso hombre en una mesa que se encontraba en la parte de los viejos ricos, pero suficientemente apartada de estos para que no pudiesen escucharles. Si de por sí el rostro del Pingüino era espeluznante por su deformidad estética, cuando la tenue luz celeste proveniente de la mesa bañó su rostro, dejó a la vista un aspecto peor y más terrorífico de su seria y, rechoncha y arrugada cara pálida.—¿Y bien? Espero que me convenzas para que no te mate... Y hablo en serio.

Para mostrar cuan seriamente hablaba, Oswald elevó su paraguas para dejarlo a escasos centímetros del rostro de Edward, amenazándole con descubrir que arma escondía en el interior del cilindro metálico de su artefacto.
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Re: Cabos sueltos [Priv. Edward Nigma]

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